La pecera… algo más que una vidriera.

28 Julio, 2009

PUBLICADO EN LA REVISTA “NIÑO EN OBRA” (Aula, MONTEVIDEO, 2002)

Sólo si el docente ayuda a dar sentido a su acción en el marco de las ciencias, el niño podrá diferenciar su quehacer manipulativo y lúdico, de sus tareas de exploración y comprensión de la realidad física y tomar así conciencia de los diferentes medios que conviene emplear para alcanzar finalidades específicas” ( M. Benlloch, 1992).

La pecera suele ser una constante en las clases de inicial. Estamos frente a un recurso que tiene muchas posibilidades si lo miramos con “ojos” de enseñante. No importa si se trata de una pecera sofisticada o de una humilde que tiene lo imprescindible; en todos los casos puede dar lugar a que se busquen los mismos objetivos.

Objetivos

No se trata de que el niño de inicial conceptualice en los términos que lo hace el escolar, pero sí que se acerque al mundo físico natural de una manera interactiva de tal modo que logre armar representaciones que en el futuro, darán lugar a las conceptualizaciones.

Es sabido que el niño de estas edades no se caracteriza por la verbalización de su pensamiento, lo que no quiere decir que no se detenga en los objetos. Dentro de las intervenciones que el docente puede hacer y creemos que es bueno que se haga, es estimular esa verbalización u otras formas de comunicación.

Desde el punto de vista del saber científico podríamos esperar que el niño a través de la observación intencionada de la pecera pueda:

  • Detectar evidencias externas de la vida de los peces como seres vivos (ej. moverse y respirar).
  • Darse cuenta de que él como ser vivo muestra evidencias similares y reconocerlas.
  • Visualizar la necesidad de alimento que tiene el pez, igual que él.
  • Ver que existen diferencias entre los peces, en los colores, en la forma, en como tienen los ojos, etc. Esto es acercarse a la idea de que dentro de la igualdad (pez) hay diferencias.

Es de hacer notar que estamos planteando y definiendo objetivos que nos parecen podrían estar en un primer escalón. El recurso de la pecera da para mucho, y no sólo con relación a los seres vivos. Se trata de un ecosistema artificial, en el que deben ajustarse calidad de agua, temperatura, piedras, y otros seres como plantas, es decir todo lo que hace a ese ecosistema artificial lo mas parecido al natural. Y si pasamos a otro escalón de dificultad está todo lo referido al oxigenador o aereador de la pecera que es todo un centro de posibles cuestionamientos desde lo físico hasta sus implicancias biológicas.

Planificar la actividad

Estamos proponiendo una actividad dirigida.

El niño de nivel inicial debe tener propuestas de aula abiertas, donde el material anime al niño a explorar libremente sin establecer consignas que puedan restringir o focalizar demasiado su atención, propuestas de aula semidirigidas donde el docente establece consignas muy generales y amplias (ej. indicar como usar la lupa), y otras actividades dirigidas donde la intervención es más directa, como en este caso. Aquí el docente trata de colocar al niño en el interior de un proceso que trata de controlar desde el inicio y elabora consignas adecuadas a sus objetivos previendo respuestas posibles y preparando materiales alternativos.

Creemos necesaria la aclaración, porque no deseamos que se considere que todas las propuestas deben ser de este estilo, cómo también entendemos que tampoco pueden ser todas las actividades abiertas. La cuestión según las investigaciones es que el niño reciba pluralidad de propuestas. (*)

La actividad que proponemos es dirigida y la intervención docente viene por parte de interrogantes que permiten que el niño focalice su “mirar” y pueda así obtener las evidencias de las que hablábamos mas arriba.

Interrogantes a plantear en principio

  • ¿Están vivos los peces?
  • ¿Cómo te das cuenta?
  • … y ese que está quieto, ¿está vivo?, ¿por qué?
  • ¿cómo hace con la boca mientras anda? ¿para qué crees que hace eso?
  • Mientras mueve la boca, ¿ hace algo más?
  • ¿Se parece a nosotros cuando hace así? ¿A ver?
  • ¿Siempre nadan por el mismo lugar? ¿Por qué suben los peces cada tanto hacia arriba?
  • ¿ Qué comen?

En general el alimento de los peces de las peceras escolares es seco ya elaborado y viene con la indicación de dar muy poco cada día.

La situación de alimentar a los peces abre otro conjunto de interrogantes sobre las cuales conversar con los niños.

  • ¿Por que esa cantidad y no otra?
  • ¿Qué pasaría si no hacemos caso y le damos más?
  • ¿Qué nos pasa a nosotros si comemos de más?
  • ¿Y si comemos de menos?
  • Nosotros, ¿podríamos comer lo mismo que el pez? ¿Por qué?
  • Y si se nos acaba el alimento seco…¿podemos darle de la comida de nosotros?, ¿porqué?.

Muchas veces se suele colocar en la pecera y es conveniente una variedad de peces conocida como “limpia fondo”. Se trata de un pez negro de ojos saltones, que nada bien en el fondo y que se alimenta de los desperdicios y de plantón que se forma a partir de restos y excrementos de los otros peces (por eso le llaman así). La presencia de ese pez, también puede ser objeto de análisis, sobre todo en lo referente al ciclo que sigue el alimento en el cuerpo de un ser vivo.

La primera aproximación que el niño debería hacer con relación a ese punto es darse cuenta que no todo lo que ingiere en su cuerpo queda en él. Hay un proceso de transformación donde el cuerpo se queda con parte y elimina otra. Ese eliminar en una constante en los seres vivos.

  • ¿Todos los peces comen lo mismo?
  • ¿Qué pasaría si no ponemos el limpia fondo?

Aspectos a tener en cuenta.

En primer lugar considerar que estas preguntas están sin respuesta. Eso quiere decir que la respuesta del niño puede y debe condicionar nuestra pregunta siguiente. Aquí están planteadas de modo que el docente pueda ver que es aquello sobre lo que el niño debería pensar con nuestra ayuda.

En segundo lugar tener presente que el niño de este nivel responde muchas veces con acciones como forma de respuesta. Es interesante trabajar sobre esas acciones de manera de ayudar a que el niño pueda construir su mundo de teorías.

E n tercer lugar, orientar a pensar, focalizar sobre qué pensar no significa “convencer”, no quiere decir que el niño tenga luego que decir lo que nosotros decimos. Nuestra orientación es fomentar lo actitudinal, el “hacer” y “explorar”; es mostrar sobre lo que podemos pensar, es poner a los niños frente a la pecera y ayudar a “mirar con otros ojos”, y hacer que su interés sea realmente el motor de sus aprendizajes.

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